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Morderse los labios

El taxi marcaba las 3:21 am, pero no se exactamente porque el cambio de hora me deja un limbo existencial por al menos un par de dias. Pero recuerdo eso, porque como siempre, miro hacia el lado, hacia cualcquier otro lado. Me muerdo los lados y observo a todo mi alrededor excepto adonde -se supone- debiese mirar. Y no es de nerviosa. Ni de molesta. Quizas un poco incomoda, si, para que vamos a estar con cosas. Es que hay veces que uno toma malas decisiones, por todas las veces que uno se ha tomado el tiempo de meditar y finalmente no hacer nada. Y al ver el reloj del taxi marcando las 3:21 am, con intermitentes sombras anaranjadas de farol mientras se acercaba a destino, esperé que realmente una racha de decisiones estupidas y mal tomadas compensen la cuota del año. Que como han sido bastante las decisiones -de no hacer, dejar hacer- a pesar de ser sin reales consecuencias terribles, de situaciones más bien olvidables y -esperemos- sin nada mas alla del anecdotario biografico, puedan...

Ya no bailan

Mis amigos ya no bailan. No como antes al menos; con esas ganas frenéticas de moverse libres a un ritmo propio y a la vez enjugado con los beats y acordes circundantes. Una magia que nos unía, que siento haber descubierto tarde y me arrepiento de eso. Porque en algún momento asocié bailar a aparentar, a moverse sólo para atraer; no como un coqueteo ni como una interacción sino como el baile de aparamiento de las aves, esas que muestran sus mejores atributos para que la selección natural surta efecto. Pero no. Bailar para mí es ahora un grito kinético de libertad. Darle rienda suelta al instinto y al impulso, jugar a controlar y descontrolar los movimientos. Tiene flirteo y sensualidad algunas veces y algo de apareamiento también, es innegable. Sin embargo predomina el delirio, la traducción física del encuentro de las fibras íntimas del alma con ese despertador de consciencias y sbconsciencias que llamamos música. Y no importamos ni tu ni yo ni nosotros ni ellos. El protagonista es el ...

New York City

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I don't miss you. I can't miss you. I don't miss you because I haven't left you. My mom keeps asking me from time to time if I miss being there. If I want to come back. I always reply that is not so simple, but every time she catches me sighing while watching NYC in ads, movies or series she looks at me like saying "I knew you were missing it" And of course I do. Then again, is not that simple. I miss faces, people, I miss the city but I wouldn't like to go back to what I lived or what I was doing. It was a nice stage, it had a closure and that's it. I'm here now. And anyways, I wasn't living in the city so I started longing for it even when I was in US. Really I should be thankful. Now I actually have a reason for my chronic nostalgia. It is even socially accepted. And kind of cool -for the rest of the world, I don't give a crap about that- Those ten months are like a bubble in the circular chronology of my life, overlapping in various for...

Plantita

Mi mamá siempre dice que la amistad es como una plantita y hay que regarla. Probablemente no es la única que lo dice y está en el set de dichos y consejos medio obvios y que por defecto se los atribuyo a ella. En fin, siempre lo consideré cierto pero no por eso fácil. Verán es que yo siempre he estado medio desfasada en esto de socializar, hubo un punto de mi vida en que realmente dudé si iba a aprender a hacerlo. Pero aquí estoy, con la bendición de tener un buen puñado de gente cercana, grandes amigos y uno mucho más extenso de conocidos, contactos, y gente "simpática". Es genial sí, buenos amigos en casi todas las áreas en que me desenvuelvo, sí. Sólo hay un pequeño detalle: No soy ni omnipresente ni omnisciente. Yo entiendo, siempre entiendo. Y siempre muevo mi cabeza de arriba a abajo repitiendo "lo sé, lo sé" o "si sé, perdón"cuando me analizan o me dicen unas cuantas verdades. Y lo que mi mente tiene claro no va más allá de un dogma, de una verdad f...

Maletas

Como siempre, comienzo robándole a la noche esos minutos dispuestos para el sueño, que sin embargo terminan siempre merodeando por los mismos recobecos de mi mente, mientras apaciguo la vista en las luces anaranjadas y damasco que se cuelan por las persianas. Al igual que en mis peores tiempos, esos en que el corazón y mente agotados o los días sin tiempo no dejaban que me dedicara a mis quehaceres, mi pieza es un soberano desastre. Hay cajas cerradas, maletas que expelen ropa a borbotones que caen sin complejos en cualquier espacio disponible. La novedad del efímero plasma que pronto se irá de aquí está opacada por los cerros de libros y torres de papeles que, como la de Pisa, se mantienen en un delicado equilibrio, queriendo caer mas manteniéndose en pie, agarrados por una invisible y fútil misión de evitar el declarado caos. Mi cama es como un remolino de sábanas y plumón que tratan de envolverme en su compás, pero yo giro a contrareloj. ¿Es así cómo se siente volver? Porque así com...

Turistel

Hoy me puse a pensar en todos los lugares a los que te llevaría si tu fueras un día a verme Primero te pasearía por Santiago, por todos los rincones que considero parte de mi historia: los sitios turísticos, los bellos, los siúticos y los lisa y llanamente feos. Caminaríamos mucho, tomaríamos metro y si estoy de ánimo micro sólo si el tiempo nos acompaña y está vacío Partiríamos por Tobalaba recorreríamos Providencia entero mi iglesia, mi escuela, mis tiendas mi niñez en cuadras escuetas Tomaríamos helado en Sebastián te mostraría las casas escondidas antes de la costanera sobre todo esa con una buhardilla llena de libros donde yo soñé alguna vez vivir Buscaríamos libros viejos en las ferias de Manuel Montt en unas cuantas zancadas llegaríamos a Plaza Italia donde Baquedano impávido observa la línea imaginaria entre ricos y pobres mientras se celebran goles fortuitos de algún conocido campeonato. Me pregunto si estarás fotografiando gente, lugares, inconsistencias yo probablemente ...

Echar de menos

Extrañar no es lo mismo que homesickness . He tratado de recalcar esto a quienes me preguntan si echo de menos la casa, si quiero volver y todas esas leseras. Estoy casi segura que nunca me dio homesickness con propiedad, excepto por una noche, donde mi sensibilidad tambien debo atribuir a esa montaña rusa que a veces son mis procesos hormonales. Recuerod haberme puesto a llorar porque el dia no fue de los mejores, porque nadie se dio cuenta, porque llegue a la reunion de nuestro grupo biblico en la U para planear y me di cuenta que, aunque eran todos muy simpaticos y mis hermanos, no eran mis amigos. Porque no habia visto a mis amigos y habia tenido que comer sola, porque simplemente no lograba (y aun no logro) mostrarle el amor de Jesus a traves de mi vida y mis actitudes. Porque finalmente no habia nadie a quien decirle buenas noches al irme a acostar. Pero eso tambien me ha pasado en casa, asi que yo no se hasta que punto la situacion hubiese cambiado si magicamente aparezco en otr...